jueves, 6 de octubre de 2011

Solo me amas cuando estás embriagado, querido...
...No te recuerdo sobrio y desnudo ni en una oportunidad.

Por eso quiero que nos encontremos en un café un miércoles a las tres de la tarde
para ver si caes borracho: en ese caso tendrías un problema de adicciones y no un conflicto con mi imagen, lo cual me dejaría bastante más tranquila.

Te prefiero con tu petaca llena y mi corazón contento,
pero aclaremos los tantos de este vínculo que sólo funciona con altos niveles de alcohol en sangre.
Aunque confieso que sentiría un gran alivio si supiera que no puedes dejar de tomar
-me ahorraría el complejo de pensar por qué me dejas cuando se te acaban los murmullos del ron-,
porque así, vos pegado a tu jarra loca y yo en plan de buena onda,
somos un dúo digno de karaoke presidiario.


Porque así, vos vino tinto y yo un cacho mal cortado de sandía,
somos el remanente de un cariño a punto de quebrar.