viernes, 26 de junio de 2015

Una chica que quiere emprender

MI primer móvil para emprender, es la independencia.

He trabajado más de 6 años en una empresa privada. He visto como se mueve este mundo empresarial, sus cochinadas, sus artimañas, sus camuflajes. Sé como una persona puede llegar a “liderar” un grupo a través del miedo, también a través del ejemplo, o a través de la palabrería, pues hay tantos métodos… el poder, el poder que corrompe también lo he visto.

La ambición. Ha sido el motor del crecimiento económico del mundo; mientras más dinero puedas tener, armando negocios alrededor del negocio que diriges, pues mucho mejor. Mientras más contactos poderos puedas tener en tu agenda, pues mucho mejor, tienes solucionadas muchas cosas.

Las mentiras. La doble cara es normal en el mundo empresarial. Debes mostrar que llevas las cosas como deben ser, debes convencer a los demás de que hay un propósito común, genuino, social, emocional para que te ayuden a lograr TUS objetivos. Puedes decir algunas verdades para que confíen en ti, pero ojo! Que esas verdades no afecten tu propósito.

La mierda. Hay mucha mierda  en el mundo de los negocios. Tienes que aprender a hablar mierda para que te escuchen, debes volverte una mierda para pasar por sobre quien sea necesario con tal de lograr tus metas, tienes que oír mierda y reírte de eso para que te acepten, tienes que compartir mierda para que te contraten.

Y estoy cansada. De las puñaladas tramperas, de que hablen a tus espaldas y  te muestren la cara de pastel mientras tanto. De que te den palmaditas en la espalda diciendo que haces las cosas bien para calmarte. De que se hagan los locos cuando tocas el tema de un buen sueldo… y de que cambien las cosas a su favor cuando les conviene, pensando que “te tramaron” porque seguro eres un bobo.


Estoy aburrida de que las mujeres de esta empresa se miren en la ventana de mi oficina revisando si el implante en las nalgas no se les ha caído (sí, son implantes, es una verdad aceptada ante la sociedad). De que lleguen con sus vestiditos cortos, medias pantalón y tacos buscando las miradas de los demás y que luego se quejen hipócritamente de cómo sus compañeros las observan. Hipócritas mostronas.