MI primer móvil para emprender, es la independencia.
He trabajado más de 6 años en una empresa privada. He visto
como se mueve este mundo empresarial, sus cochinadas, sus artimañas, sus
camuflajes. Sé como una persona puede llegar a “liderar” un grupo a través del
miedo, también a través del ejemplo, o a través de la palabrería, pues hay
tantos métodos… el poder, el poder que corrompe también lo he visto.
La ambición. Ha sido el motor del crecimiento económico del
mundo; mientras más dinero puedas tener, armando negocios alrededor del negocio
que diriges, pues mucho mejor. Mientras más contactos poderos puedas tener en
tu agenda, pues mucho mejor, tienes solucionadas muchas cosas.
Las mentiras. La doble cara es normal en el mundo
empresarial. Debes mostrar que llevas las cosas como deben ser, debes convencer
a los demás de que hay un propósito común, genuino, social, emocional para que
te ayuden a lograr TUS objetivos. Puedes decir algunas verdades para que
confíen en ti, pero ojo! Que esas verdades no afecten tu propósito.
La mierda. Hay mucha mierda en el mundo de los negocios. Tienes que
aprender a hablar mierda para que te escuchen, debes volverte una mierda para
pasar por sobre quien sea necesario con tal de lograr tus metas, tienes que oír
mierda y reírte de eso para que te acepten, tienes que compartir mierda para
que te contraten.
Y estoy cansada. De las puñaladas tramperas, de que hablen a
tus espaldas y te muestren la cara de
pastel mientras tanto. De que te den palmaditas en la espalda diciendo que
haces las cosas bien para calmarte. De que se hagan los locos cuando tocas el
tema de un buen sueldo… y de que cambien las cosas a su favor cuando les
conviene, pensando que “te tramaron” porque seguro eres un bobo.
Estoy aburrida de que las mujeres de esta empresa se miren
en la ventana de mi oficina revisando si el implante en las nalgas no se les ha
caído (sí, son implantes, es una verdad aceptada ante la sociedad). De que lleguen
con sus vestiditos cortos, medias pantalón y tacos buscando las miradas de los
demás y que luego se quejen hipócritamente de cómo sus compañeros las observan.
Hipócritas mostronas.