Fue sencillo... la duda, la pregunta y la respuesta.
Nuevamente en manos de nadie, con ganas de nada y volver a empezar.
Lo veía en tus ojos, pequeños y avidriados... lo veía venir.
Sabía exactamente qué decir, pero no lo que mi corazón preferiría.
Nuevamente lágrimas, silencio y soledad.
De nuevo aprendí que el corazón no se debe dejar vagar.